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jueves, 15 de septiembre de 2011

Dejar de mirarse


‎"Dos seres no se apartan
más que cuando engañados:
porque ya no se ven
se creen que están solos
y dejan de mirarse,
sin tomar la lección del mar y el cielo
que vencen sus distancias contemplándose"

Pedro Salinas

3 comentarios:

  1. ¡Cuántas veces te has vuelto!
    Recuerdo que una noche te pusiste
    de espalda a mí, como si me olvidaras.
    ¿Es la espalda el olvido?
    Tu espalda, ancha, espaciosa
    era un olvido
    por donde mi recuerdo iba buscando
    delicias de tu cuerpo frente a frente,
    como otras veces me lo diste;
    igual que la mirada
    se pasea tristísima
    de lucero en lucero,
    por las estrellas de la noche, de esa
    gran espalda, la noche,
    del gran cuerpo del mundo, luz y día.
    Me faltaba
    la luz total, tu frente, tú de frente,
    pero mis ojos
    por el ámbito quieto de tu espalda
    encontraban las señas milagrosas
    del otro lado, sí, los restos de tu luz.
    Y a esa luz de tu luna, de tu dorso,
    del resplandor de ti que aún me quedaba,
    supe esperar a que volviese el día:
    de un reflejo viví de lo vivido.
    Te volviste por fin, al despertar.

    ¡Cuántas veces me has dado
    la espalda más terrible, que es la ausencia!
    ¿Por qué no despedirse
    de frente, sí, de frente,
    ir paso a paso atrás, pero mirándose,
    de modo que la última
    imagen de nosotros fuera siempre
    la de unos ojos que aunque ya no ven
    siguen mirando siempre a lo que quieren?
    Una mirada
    que traspasase vanas apariencias:
    paredes, seres, cielos, años,
    que esa casualidad llamada vida
    se encapriche en poner
    entre los dos destinos
    que llevan nuestras iniciales.
    Dos seres no se apartan
    más que cuando engañados:
    porque ya no se ven
    se creen que están solos
    y dejan de mirarse,
    sin tomar la lección del mar y el cielo,
    que vencen sus distancias contemplándose.
    Si tú te equivocaste alguna noche
    bailando con algunas realidades
    tan sólo porque estaban a tu lado
    es por no serme fiel con la mirada.
    Yo estaba allí.
    Ninguna soledad me dolió tanto
    como esta de los ojos sin respuesta.

    Y también el silencio es una espalda.
    ¡Cuántas veces he estado
    esperando tu voz, como esperando
    un movimiento de tu ser entero,
    un volverte total hacia mi alma!
    Hablar siempre es volverse.
    Si tu voz viene a mí
    es que tu cara está frente a mi cara.
    Al hablarnos nos vemos. El silencio
    por inmenso que sea se quebranta
    echando en él un nombre de persona;
    lo mismo que una vasta
    superficie de agua vibra toda
    y cambia su dureza cristalina
    por un temblor de pecho palpitante,
    respiración concéntrica de ondas,
    si alguien en ella arroja
    una piedra, y su peso, como un hombre.
    Una palabra puede
    salvarlo todo si se la echa allí
    en el agua del alma que la espera.
    Una noche yo mismo,
    por darme tú la espalda del silencio,
    me sentí vidrio, hielo,
    sin hondura detrás, y yo vacío,
    que iba a hacerse pedazos
    en cuanto lo tocara algún azar.

    Y de pronto tu voz, tu voz cayendo
    en el centro de mí
    me hizo sentir la vida
    como un crecer de amor y amor y amor
    dentro de amor, en infinitas ondas
    que llenaron mi ser hasta los bordes
    donde se acaba el ser y empieza el mundo.
    Es porque te volviste, con tu voz.

    Siempre te volverás; es tu promesa.
    Y aunque un día
    no me hables, ni me mires, ni estés cerca,
    aunque parezca que no existes ya,
    esperaré que vuelvas, que te vuelvas.
    Por ti creo
    en la vida que está siempre queriendo
    volverse hacia sí misma, hacia la vida.
    Por ti creo
    en la resurrección, más que en la muerte.
    Pedro Salinas

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  2. Cuanto eche de menos este rincón!
    Dejar de leerte es casi un castigo, volver es lo mejor. besitos ya me puse al dia :)

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  3. Cuanto daño puede hacer dar la espalda!!Petons reina!

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